Postmodernismo desde lo social

Clara Maylín Castillo

postmodernismo3Recientemente el bardo Lázaro Gómez Castañeda obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Manuel Navarro Luna” con el poemario Atardecer en la mesa. A tal éxito le antecedía la publicación de los libros Tango para los gorriones (Ediciones Orto, 2005) y Sobre el puente de Edward Munch (Bayamo, 2009).

Más conocido por el alias Pelayo, este hijo de Pilón llegó a la literatura de forma autodidacta, tras haber recorrido caminos apartados de la poesía, sirva de ejemplo su formación como técnico medio en mecanización de motores diesel, instrumentista topográfico y dependiente integral.

-En su más temprana juventud se decidió por la mecanización. Podría decirse que ese oficio y la poesía son antitéticos.

Como ves, no estudié nada que tuviera que ver con el arte. Es que uno se equivoca. Quizás las influencias no fueron las mejores. Yo no supe elegir. Creí que cualquier cosa que hiciera podía ser importante. Eso es inmadurez; yo no sabía qué quería. La poesía para mí era maravillosa, pero la dejaba ir. Pensaba que era más importante aprender Matemática, a sumar, restar, multiplicar y dividir para no ser engañado. Aún así algunos poetas se quedaron en mí, como Antonio Machado, el Siglo de Oro español, la Generación del 27. En ese tiempo consideraba la poesía como algo débil. Luego me percato de que la poesía es un ejército.

-¿Por qué escoge justamente la poesía para decir y no otro género literario?

He hecho alguna narrativa, cuentos, pero el cuento no cuenta. Quizás ha sido un entrenamiento para hacerlo en el futuro, porque la narrativa es un poco más difícil. Además yo soy pintor. He hecho exposiciones municipales y provinciales. Pero la poética ocupa el 80 por ciento o más en mi vida; el resto es la otra parte de la existencia. Yo diría que he escogido la poesía porque está en mí. Estaba señalado que la descubriera en mi etapa de madurez. Tal vez la prefiero por la pasión generada por la convulsión cotidiana de la vida. Lo cierto es que haber encontrado este recurso es haberme encontrado a mí mismo.

-Ganar el Premio Navarro Luna es una aspiración de los poetas más allá de la frontera granmense.

Fue una meta que me puse. Primeramente quería ganar el Concurso Literario Municipal “Mariposa Blanca” de Pilón. Lo gané en el 2001, 2002 y 2003, consecutivamente. Después me propuse ganar el Navarro Luna, porque para mí es el más importante que tiene la provincia. En ese concurso incluyo cuatro menciones.

-A la quinta fue la vencida

Exactamente. Había participado con Tango para los gorriones, luego con Delirio de guerra y después me enamoré de Atardecer en la mesa, tanto que lo mandé tres veces desde el 2011, porque considero que tiene mucha fuerza.

-¿Cuáles son los rasgos distintivos de este poemario?

Empecé a escribirlo a finales del 2010 e inicios del 2011 cuando vivía en Manzanillo. Tiene 70 cuartillas y unos 40 poemas. Se mueve en un corte social. No dejan de estar incluidos el amor, el existencialismo, pero recurre más al corte social con el intertexto que realza el poema. El libro nace de una voz tradicional para crear un lenguaje propio. No es una exploración, porque lo han hecho otros. Es un postmodernismo desde lo social, desde asuntos como las vivencias, la casa, la alimentación, lo diario, lo que los ojos nos dictan, todo eso incurriendo la metáfora.

-¿Qué poemas le satisfacen más?

Padre de este libro, me interesan todos, pero “Atardecer en la mesa” me interesa muchísimo, porque es reflejo de las vivencias desde lo metafórico. Me permite crear un nuevo lenguaje que da cierta belleza, musicalidad, y es un poema que nos dice lo que tenemos. Así tengo otros como “I” y “Tapiz de fondo”.

-¿Qué le inspiró a escribir el libro?

Los desequilibrios por los que atravesamos, los panoramas pintorescos que se nos presentan a diario, las cosas que están ahí y son difíciles de apartar.

-Con el Premio Manuel Navarro Luna en la mano, ¿cuál será la nueva meta?

A partir de ahora tengo como meta estar entre las voces provinciales y cubanas, la meta de todos los poetas. Creo que es una meta muy grande y que un poeta no tiene objetivos limitados. De todas formas, pienso que todavía me falta para ser un poeta. Para ser un poeta tengo que madurar, madurar, madurar, no para vivir sino para tener frutos. Los concursos son buenos medidores de cómo estás haciendo las cosas, pero yo no participo solo para saber cómo voy, sino para ganar, y creo que aunque gané este concurso debo seguir preparándome. Ser un poeta lleva mucho conocimiento, así que no puedo quedarme en un mismo sitio. La meta es buscar, buscar, y volver a buscar.

Acerca de cmkx1938
Emisora provincial de Granma, Cuba.

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